Ayer ví un capítulo por primera vez, del unitario “Televisión por la Inclusión” del grupo Llorente-Villarruel
Me pareció muy bueno, más que nada porque apunta a mostrar las relaciones REALES (no todos podemos trabajar en dependencias estatales y estar protegidos por gremios y sindicatos, ojala pudiéramos) de acoso laboral/sexual. En donde no hay mas nadie que lo defienda a uno como individuo, sino uno como individuo. Y mas puntualmente en nuestro caso, las determinadas biológicamente como mujeres, debemos actuar de manera diferente en muchas ocasiones.
Esto no se trata de una “victimización” por el solo hecho de ser. Mas bien todo lo contrario
Recuerdo que en una oportunidad, un jefe le dijo a un compañero con el que yo estaba discutiendo “No podes hablarle así, no ves que es una mujer” Claro. El no estaba en falta por su violencia verbal, sino porque yo era una mujer.
Muchas situaciones se desprenden de la condición de género, sin llegar a la violencia.
La condición biológica de seres femeninos nos determina a tener que obligadamente ser la que agarra la escoba los sábados?
A ser las que por decantación, recogemos la ropa sucia del piso (sea nuestra o del vecino de enfrente)?
A ser las que, tomamos una escoba sin motivo aparente?
A ser las que, abandonan su trabajo y/o su carrera si en la familia aparecen hijos?
En tal caso, si decidimos diseñar nuestra vida sexual/amorosa a gusto somos putas y/o raras?
La razón por la cual estamos determinadas a dar (por defecto) más explicaciones de las necesarias, es decir, cargar con la simple etiqueta del “sexo débil” nos posiciona en nuestra vida entera (trabajo, carrera, familia, sociedad) en un lugar con escalones mucho más difíciles de sortear.
Porqué si tengo pollera, tengo que tener la obligación de trapear el piso todo los días?
Ya se.
Al que lea esto, en su mente le aparece la frase “feminista de mierda”
Y el círculo vuelve a empezar.


No hay comentarios:
Publicar un comentario