jueves, diciembre 1

Esa Mujer

Ayer ví un capítulo por primera vez, del unitario “Televisión por la Inclusión” del grupo Llorente-Villarruel
Me pareció muy bueno, más que nada porque apunta a mostrar las relaciones REALES (no todos podemos trabajar en dependencias estatales y estar protegidos por gremios y sindicatos, ojala pudiéramos) de acoso laboral/sexual. En donde no hay mas nadie que lo defienda a uno como individuo, sino uno como individuo. Y mas puntualmente en nuestro caso, las determinadas biológicamente como mujeres, debemos actuar de manera diferente en muchas ocasiones.
Esto no se trata de una “victimización” por el solo hecho de ser. Mas bien todo lo contrario
Recuerdo que en una oportunidad, un jefe le dijo a un compañero con el que yo estaba discutiendo “No podes hablarle así, no ves que es una mujer” Claro. El no estaba en falta por su violencia verbal, sino porque yo era una mujer.
Muchas situaciones se desprenden de la condición de género, sin llegar a la violencia.

La condición biológica de seres femeninos nos determina a tener que obligadamente ser la que agarra la escoba los sábados?
A ser las que por decantación, recogemos la ropa sucia del piso (sea nuestra o del vecino de enfrente)?
A ser las que, tomamos una escoba sin motivo aparente?
A ser las que, abandonan su trabajo y/o su carrera si en la familia aparecen hijos?
En tal caso, si decidimos diseñar nuestra vida sexual/amorosa a gusto somos putas y/o raras?

La razón por la cual estamos determinadas a dar (por defecto) más explicaciones de las necesarias, es decir, cargar con la simple etiqueta del “sexo débil” nos posiciona en nuestra vida entera (trabajo, carrera, familia, sociedad) en un lugar con escalones mucho más difíciles de sortear.

Porqué si tengo pollera, tengo que tener la obligación de trapear el piso todo los días?

Ya se.

Al que lea esto, en su mente le aparece la frase “feminista de mierda”

Y el círculo vuelve a empezar.




viernes, septiembre 30

Evita hoy







Eva Perón en la ciudad de Lomas de Zamora

Palabras pronunciadas el 26 de Junio de 1948 en la Ciudad de Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires, en el acto de inauguración de los trabajos para la provisión de agua corriente.


"Mis queridos descamisados de Lomas de Zamora: con profunda emoción vengo por segunda vez a esta simpática ciudad, trayéndoles una obra del plan quinquenal por la cual brega tanto nuestro querido presidente, el general Perón. Esta obra que hoy se inicia debía haber estado realizada hace ya cincuenta años. Pero el General Perón, que está en la Casa de Gobierno trabajando y luchando, va poco a poco realizando todo lo que el pueblo argentino necesita, no solo en lo material sino también en lo moral y espiritual. Es así como en este día, hermoso por que en el se hace realidad la satisfación de una necesidad tan sentida, llega a Lomas la acción de nuestro primer magistrado.

Y debo hacer justicia mencionando también al Gobernador de la provincia de Buenos Aires, Coronel Mercante, porque tambien él, desde el momento en que asumió la primera magistratura provincial, se preocupó intensamente para que llegaran los beneficios de la provisión de agua corriente a la población de todo el Gran Buenos Aires. Es así como hablando con su amigo, el presidente perón concretaron este proyecto e incluyeron en el plan quinquenal una partida de 600.000 millones de pesos para obras como la que hoy se inicia.

La ayuda social que tengo el honor y privilegio de presidir, cosa que mucho me honra, porque merced a ella tengo la inmensa dicha de poder hacer el bien a todos los descamisados, también ha querido hacerse presente en este acto. y ello es posible gracias al General Perón y a los descamisados, porque cuando se hizo noche para la Argentina fueron ellos, esos hombres y mujeres sufrientes y trabajadores los primeros en apoyar al coronel del pueblo hasta rescatarlo de las garras de la oligarquía.

Esta obra de realizaciones económicas y socialmente justas se ha podido llevar a cabo gracias a estos descamisados, a quienes quizo ofender la oligarquía llamándoles así pero que han sabido vestir a la patria con la limpia camisa del sacrificio y de la honestidad.

Fue así como desde el edificio del despretigiado Concejo Deliberante, la conciencia de un hombre pudo organizar la actual Secretaria de Trabajo y Previsión, irradiando desde entonces sus paredes la justicia social tan ansiada por el pueblo y que durante cincuenta años le fue negada.

Demos gracias a dios porque en estos momentos en que el mundo se debate en problemas pavorosos, nos ha enviado a un Perón; y demos gracias a dios, también, por habernos concedido este pueblo maravilloso que en momentos inciertos, cuando los egoistas y los vendepatrias no lo comprendieron supo apoyarlo con sus descamisados.

Y yo, una mujer mas del pueblo, doy gracias a dios porque el General Perón y los descamisados me dan la oportunidad magnifica de sentirme inmesamente feliz cuando llevo un poco de alegría a aquellos a quienes la fortuna no los ha favorecido, cuando llevo un poco de justicia, a aquellos a quienes durante tantos años se les habia negado. y así como hoy el gobierno del General Perón trae el agua a Lomas de Zamora, la ayuda social no ha querido estar ausente en esta simpática población, llegando con sus subsidios para los necesitados. Asimismo, la ayuda social ha dotado al hospital Lomas de Zamora de una ambulancia y proveerá a esta ciudad de los vehiculos necesarios para realizar la limpieza de sus calles.

Es verdaderamente asombroso que una ciudad de la importancia de Lomas de Zamora haya estado tan abandonada por la autoridades durante tanto tiempo, hasta que ha llegado el gobierno del General Perón que, ciudad por ciudad y pueblo por pueblo, viene realizando la obra que no se hizo durante largos años. Es inconcebible que haya habido tan malos argentinos que no hayan pensado en su pueblo y en esta patria a la que hicieron grandes nuestros próceres, mientras ellos trataron de undirla cosa que afortunadamente no lograron porque la Argentina es tan poderosa que supo surgir a pesar de la ignominia de esos malos hijos. Yo les pido, en nombre de los descamisados, que son lo mas puro de la nacionalidad y en nombre del peronismo, una sola cosa; no olvidar el daño que han hecho esos malos argentinos. Yo, como buena argentina, no lo olvido, porque diariamente estoy viendo en la Secretaria de Trabajo y Previsión las injustcias que durante cien años no solo cometieron aquellos sino que ni siquiera trataron de remediarlas.

Por ello, el Presidente Perón está trabajando noche y día y sacrificándose para subsanar ese estado de cosas y lo hace con la inmensa satisfacción que le proporciona el pensar que su sacrificio es para bien y para felicidad de su pueblo. Pueden ustedes tener la seguridad y la tranquilidad de que mientras esté en la casa de gobierno el General Perón la justicia social y la felicidad de la patria estaran bien defendidas y estará asegurado el bienestar de los descamisados."

viernes, septiembre 23

María Va

La negra.

Mercedes Sosa & Antonio Tarragó Ros
Mirar rasgado, patitas chuecas, María va,
pisando apenas, la arena ardiente, María va,
calcina el monte un sol de fuego, María va,
temor pombero, palmar estero, María va.

Quiso la siesta ponerle un niño a su soledad,
de trigo y luna y de su mano María va,
por el tabacal, su paso, María va,
y se bebe el sol que huele a duende, María va.

Andando el verano de sol y chicharra,
a flores del monte, María, olía tu pueblo
un tren perezoso, resuello y resuello
a calle regada, María, olía tu pueblo
a pura inocencia de niño pueblero,
a calle regada, a flores del monte, María, olía tu pueblo.

Mirar rasgado, patitas chuecas, María va,
pisando penas, la arena ardiente, María va,
calcina el monte un sol de fuego, María va,
temor pombero, palmar estero, María va.

Quiso la siesta ponerle un niño a su soledad,
de trigo y luna y de su mano María va,
por el tabacal, tu paso, María va,
y se bebe el sol que huele a duende, María va.
María va, María va,
María va, María va.

martes, septiembre 20

Esta, a veces también soy yo.



 Vas a aceptarme así?

Una vez pinté una sombra


Elisa


Se escucha el ruido del rechinar de una puerta. Las bisagras no reciben aceite desde hace por lo menos 20 años, cuando el anterior dueño, un padre de familia responsable y laborioso las alimentaba cada mes religiosamente los sábados por la mañana.
Claro, cuando llegaron ellos (nunca fueron una familia, normal… lo que se dice “Normal”) las pobres puertas con el tiempo aprendieron a hablar en todos los idiomas.
El padre era el típico arquetipo de trabajador temprano, devenido en clasemediero de los 90’ arrasado y desgarrado por la continua culpa del sufrimiento legado por su familia. Con los constantes cuentos sobre como debía cuidar los coches de la calle del cementerio, porque había que llevar plata para la casa, y eran muchos hermanos.
La madre cargaba con una historia mas complicada, y también con una enfermedad moderna, desconocida y ocultada por la familia entera por mucho tiempo, pues claro era una vergüenza padecer una enfermedad que no pudiera ser curada por la obra social en el hospital militar.
Los hijos eran 2 (hasta esta altura de la historia) chicos casi normales, absorbidos por ciertas costumbres quizás no tan típicas (como las de correr a la emergencia a altas horas de la noche) pero naturales para ellos.
La pregunta, que surge a partir de las conversaciones de la puerta es, que consecuencia tuvo en la vida de la chica (la nombraremos Elisa para ponerle un nombre de mujer, y no perdernos) que su papá no pudiera aceitar las bisagras, y las puertas se la pasaran gritando todas las noches?

-La muerte de la Polilla-

The Death of the Moth, Virginia Woolf (1882-1941)

No es propio llamar polillas a las que vuelan durante el día. No estimulan en nosotros esa placentera sensación de noches veraniegas oscuras y de hiedra en floración que la variedad más común, de alas secundarias amarillas y que duerme a la sombra de la cortina, nunca deja de provocarnos. Son criaturas híbridas, ni alegres como las mariposas ni sombrías como las de su propia especie. No obstante ello, el espécimen presente, con sus estrechas alas color paja, orladas con borlas del mismo color, parecía satisfecha con la vida. Era una mañana placentera a mediados de septiembre, suave, benigna y sin embargo con un aire más nítido que el de los meses de verano. El arado dejaba ya surcos en el campo frontero a la ventana y allí donde la reja había estado la tierra quedaba plana y brillaba de humedad. Tal vigor llegaba de los campos y de las colinas lejanas, que era difícil la exigencia de mantener los ojos sobre el libro. También las cornejas se dedicaban a una de sus festividades anuales; planeando sobre las copas de los árboles hasta simular que una red vasta, hecha con miles de nudos negros, había sido lanzada al aire; la cual, tras algunos momentos, se hundía lentamente en los árboles, hasta que cada rama parecía tener un nudo negro en la punta. Mas de pronto la red era lanzada al aire de nuevo, en un círculo mayor ahora, en medio de un clamor y una vociferación extremos, como si el verse lanzado al aire y vuelto con lentitud a las copas de los árboles fuera una experiencia tremendamente excitante.
La misma energía que inspiraba a las cornejas, a los labriegos, a los caballos e incluso, se diría, a las leves colinas desnudas, enviaba a la polilla, en plena agitación, de un lado al otro del cuadrado formado por el panel de la ventana. Era imposible no observarla. Se estaba, de hecho, consciente de un extraño sentimiento de piedad por ella. Esa mañana las posibilidades de gozo parecían tan enormes y tan variadas, que sólo tener en la vida el papel de polilla, y encima de una polilla diurna, sonaba a un destino duro, como patético era su celo de disfrutar en plenitud esas magras oportunidades. Volaba con energía hasta una esquina de su compartimento y, tras aguardar allí un segundo, hacia la opuesta. ¿Qué le quedaba sino volar hasta la tercera esquina y luego la cuarta? Era lo único que podía hacer a pesar del tamaño de las colinas, la anchura del cielo, el humo lejano de las casas y, de vez en cuando, la voz romántica de un vapor allá en el mar. Lo que podía hacer lo hacía. Observándola, se diría que una fibra, muy delgada pero muy pura, de la enorme energía del mundo había sido introducida en ese cuerpo débil y diminuto. Tan a menudo como ella cruzaba el panel podía yo imaginar que se hacía visible un hilo de la luz vital. Era apenas o solamente vida.
Sin embargo, por ser una forma tan pequeña y tan sencilla de la energía que se iba introduciendo por la ventana abierta y forzando su curso por tantos corredores estrechos e intrincados de mi cerebro y del de otros seres humanos, algo había en ella de maravilloso y a la vez patético. Es como si alguien hubiera tomado un abalorio de pura vida para dotarlo, del modo más ligero posible, de vello y plumas, poniéndolo a danzar y a zigzaguear para mostrarnos la verdadera naturaleza de la vida. Así expuesto, era imposible olvidar la maravilla de todo aquello. Se es proclive a olvidarse de la vida, viéndola encorvada y dominada y aderezada y oprimida de modo tal que ha de moverse con la mayor circunspección y dignidad. Una vez más, la idea de todo lo que esa vida pudiera haber sido de nacer con cualquier otra forma, nos hace ver con una especie de piedad sus sencillas actividades.
Al cabo de un tiempo, al parecer cansada de sus danzas, se posó en el borde de la ventana, al sol. Habiendo terminado el curioso espectáculo, me fui olvidando de ella. Luego, cuando levanté la vista, atrajo mi mirada. Intentaba reanudar su baile, pero parecía tan rígida o tan torpe que sólo pudo aletear hasta la base del panel. Y en el intento de cruzarlo de un vuelo, fracasó. Ocupada en otras cuestiones, por un tiempo observé aquellos intentos fútiles sin pensar, esperando inconscientemente que la polilla reasumiera su vuelo, tal como se aguarda que una máquina, detenida por un momento, arranque de nuevo sin buscarle la razón del fallo. Al cabo de tal vez siete intentos, resbaló del borde de madera y cayó, con un revoloteo de alas, de espaldas en el antepecho de la ventana. El desamparo de su actitud me alertó. De pronto me vino la idea de que estaba en dificultades, de que ya no podía levantarse, de que sus patas luchaban en vano. Pero cuando acerqué el lápiz pensando en ayudarla a enderezarse, comprendí que ese fracaso y esa torpeza eran el acercamiento de la muerte. Abandoné el lápiz.
Las patas se agitaron una vez más. Miré como buscando al enemigo contra el cual la polilla luchaba. Miré hacia el exterior. ¿Qué había ocurrido allí? Presumiblemente era mediodía y toda labor había cesado en los campos. Calma y silencio reemplazaban a la animación anterior. Los pájaros se habían alejado, para alimentarse en los arroyos. Los caballos estaban inmóviles. Sin embargo y pese a todo allí fuera estaba el poder, masivo, indiferente, impersonal, sin prestar atención a nada en lo particular. Por alguna razón opuesto a la pequeña polilla color paja. Era inútil intentar algo. No quedaba sino observar los esfuerzos extraordinarios hechos por aquellas patas diminutas contra un destino cercano que podía, de proponérselo, sumergir una ciudad entera y no sólo una ciudad sino masas de seres humanos. Nada, lo sabía, tenía oportunidad alguna contra la muerte. No obstante, tras una pausa de agotamiento, las patas volvieron a estremecerse. Esta protesta última era soberbia; y tan frenética, que la polilla consiguió al fin enderezarse. Desde luego, nuestras simpatías estaban todas con la vida. Además, no habiendo nadie que se preocupara o se interesara, este esfuerzo gigantesco por parte de una polilla insignificante y en contra de un poder de tal magnitud, para conservar lo que nadie más valoraba o deseaba, conmovía de un modo extraño. De nuevo, de alguna manera, veíamos vida, un puro abalorio. Levanté el lápiz una vez más, incluso sabiéndolo inútil. Pero según lo hacía, asomaron las señales inequívocas de la muerte. El cuerpo se relajó para en un instante quedar rígido. La lucha había terminado. Aquella criatura pequeña e insignificante conocía ya la muerte. Al mirar esa polilla muerta, me llenó de asombro este diminuto triunfo marginal de una fuerza tan grande en contra de un antagonista así de menor. Tal y como la existencia había sido extraña unos minutos antes, extraña era en este momento la muerte. La polilla, habiéndose enderezado, yacía ahora en un sosiego de lo más decente y resignado. Ah sí, parecía decir, la muerte es más fuerte que yo.
Virginia Woolf (1882-1941)

lunes, septiembre 19

Somewhere, Sofía

No voy a usar este espacio para criticas, solo para decir algo que crea que es relevante.
Esta última película de Sofía Coppola me parece relevante.
Me encantó… sencillamente… sentí que formaba parte de su clima.
Lo creó tan perfectamente, que te permite meterte adentro y vivir la vida de las personas de la historia.
Tenía ganas de hacer un viajecito…  lo conseguí.
Hermosa, sencilla, clarita y con los colores de un eterno atardecer que me encantan en las películas.
Sofía, linda.





De cartitas y otras yerbas

Suele suceder que cerca de un nuevo aniversario de tu partida, me surja el impulso de escribirte.
Se firmemente que me lees, no tengo dudas de eso.
Muchas veces, cuando estoy enferma o me duele algo (incluso el corazón) es en los momentos en los que mas te extraño. La gente que vive en la Tierra es así de egoísta, lo sabes, y yo no soy la excepción porque también vivo en la Tierra.
Hace un par de semanas tuve aros de perla, como los tuyos. Collar de perla todavía no me animo, aparte no me quedaría como a vos! De cuerpo éramos muy parecidas pero vos tenias el cuello de una manera, diferente, para mi debe ser el tipo de cuello que se necesita para usar perlas.
A veces la abuela se confunde y me dice tu nombre, ya casi no pasa. Pero cuando pasaba, se ponía incómoda y trataba de cambiar de tema, a mi me causa gracia porque es tierno el tropiezo.
Papá es otro tema, cuando habla de vos todavía se le llenan los ojos de lágrimas como el primer día, es increíble, pero creo que seguís y seguirás siendo para siempre el eterno amor de su vida.
Juan está muy bien, tiene un buen trabajo y parece ser que ya habla de vos como algo intocable, y ahora puede recordar cosas sin llorar, a veces nos contamos anécdotas y nos reímos juntos, mucho!
Mati dice que le habla a su “abuela del cielo” y a veces es angustiante para nosotros pero también nos llena de orgullo que puedas ocupar parte de su corazoncito.
Siempre estoy esperando esa carta que nunca me dejaste, una explicación o algo… esas palabras de despedida que siempre quisiste decirme, pero que yo me negué a aceptar.  
Siempre entendiendo que sos el ser mas inteligente que conocí en toda mi vida, y no voy a volver a conocer a nadie así, nunca.
Pero las perlas? Las perlas solo las usé unas semanas y ya no las tuve mas, se me fueron perdiendo. Y no volví a comprar, además las que tenía no eran buenas y me producían algunas alergias.
Lo que no pude tener nunca fue ese piyama de seda rosa, ese que tenia como afelpadito adentro, sabés? Bueno, ese. Nunca vi uno parecido. Tampoco otro que fuera de distinto color al menos.
Te miento si te digo que no me desespero como hace 8 años cuando quiero darte un abrazo, te miento. Me desespero de la misma manera. Igual, exactamente igual.
A veces la sensación de eternidad nos raja el pecho y nos hace doler.
Pero lo bueno de todo esto, es que siempre te tengo presente.